LA OTRA REALIDAD

Si crees que todo esto es real... es que vives en un sueño.
 
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 Tanatología: "De los cuidados paliativos al Ars Moris - Un abordaje psico-espiritual"

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alfayomega
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MensajeTema: Tanatología: "De los cuidados paliativos al Ars Moris - Un abordaje psico-espiritual"   Vie Nov 07, 2008 3:34 pm

"Aprende a morir y aprenderás a vivir. Nadie aprenderá a vivir si no ha aprendido a morir", así rezaba un viejo manual occidental sobre la muerte y el proceso de morir.

Actualmente, en nuestra sociedad se ha producido un considerable avance en lo referente a la atención al paciente moribundo, desarrollo que se ha realizado por un lado en lo que hace a la terapia del dolor y más específicamente a la farmacología en sí. Pero también, el movimiento de los cuidados paliativos desarrollado a mediados del siglo pasado por C. Saunders en Inglaterra y que da cuenta de la necesidad de brindar una atención compasiva tendiente no sólo a disminuir el sufrimiento físico del paciente sino también a optimizar su calidad de vida, a través del control de los síntomas físicos, emocionales, mentales, sociales.

Pero como supiera decir el sabio maestro budista, Padmasambhava: "Quienes creen que disponen de mucho tiempo, sólo se preparan en el momento de la muerte. Entonces los desgarra el arrepentimiento. Pero, ¿no es ya demasiado tarde?".

En este sentido creo que la pregunta que todos y cada uno de nosotros nos debemos hacer aquí y ahora a nosotros mismos y con total sinceridad es: ¿Qué sé sobre la muerte?".

En primer lugar debemos ser conscientes de que la muerte es un absoluto misterio, pues nadie ha regresado del "más allá" para referirnoslo. Todo lo que contamos es con lo que se denomina "experiencias cercanas a la muerte".

Pero debemos ser con nosotros mismos tan íntegros como lo fue el célebre filósofo griego Sócrates, cuando afirma: "El temor a la muerte, señores, no es otra cosa que considerarse sabio sin serlo, ya que es creer saber sobre aquello que no se sabe. Quizá la muerte sea la mayor bendición del ser humano, nadie lo sabe, y sin embargo todo el mundo le teme como si supiera con absoluta certeza que es el peor de los males".

Aunque si contamos con dos certezas irrefutables. Sabemos que es absolutamente cierto que habremos de morir y también que es absolutamente incierto cuándo y cómo. Angustiosas interrogantes existenciales ambas si las hay.

En "El conocimiento silencioso" de Carlos Castaneda, don Juan, el gran brujo yaqui dice: "Sin una visión clara de la muerte, no hay orden, no hay sobriedad, no hay belleza. Los brujos se esfuerzan sin medida por tener su muerte en cuenta, con el fin de saber, al nivel más profundo, que no tienen ninguna otra certeza sino la de morir. Ese conocimiento da a los brujos el valor de tener paciencia sin dejar de actuar; les da, asimismo, el valor de acceder, el valor de aceptar todo sin caer en la estupidez y, sobre todo, les otorga el valor para no tener compasión ni entregarse a la importancia personal". En otro momento expresa: "Los brujos dicen que la muerte es nuestro único adversario que vale la pena. La muerte es quien nos reta y nosotros nacemos para aceptar ese reto, seamos hombres comunes y corrientes o brujos. La diferencia es que los brujos lo saben y los hombres comunes y corrientes no".

Este concepto de la muerte como el gran adversario que nos infunde de valor y paciencia para actuar sin entregarnos a la importancia personal o ego-centrismo nos hace ver a la muerte como un maestro que nos saca de nuestro in-consciente escondite y nos abre a la verdad de la vida y del universo.

Reflexionemos sobre ello. A poco que pensemos, hemos de llegar a darnos cuenta de que en realidad ignoramos quienes somos, es decir, cuándo nos preguntan sobre nuestra identidadrespondemos con una diversa variedad de elementos que hemos coleccionado con el fin de definirnos a nosotros mismos (por ejemplo, soy uruguayo, psicólogo, hombre, etc.). Pero cuando todas esas cosas se nos quitan, ¿tenemos idea de quienes somos en realidad sin y detrás de todos esos agregados?.

Además, nos identificamos con nuestro cuerpo y con nuestra muerte, pero que sucederá cuando ya no estén presentes, ¿son estos dos elementos sostenes seguros y confiables de nuestro ser y de nuestra identidad?

Para no hacer frente a estas interrogantes, buscamos y exigimos vivir según un planpre-establecido, por ejemplo, estudiar, trabajar, formar una familia, etc., etc., de manera de vivir de forma acelerada, ocupando el tiempo con responsabilidades y con cosas materiales.

En una palabra, si deseamos dejar de una vez por todas que la vida nos viva a nosotros y en cambio vivir nosotros la vida (valga la perogrullada), debemos empezar por aceptar la muerte como una gran maestra que continuamente nos susurra al oído: "Carpe diem", es decir, vive la vida en el aquí y ahora, sin dejar situaciones inconclusas, pues no sabemos que llegará primero, si la muerte o el próximo día.

¿Es esta una visión pesimista de la vida, que nos sume en la angustia y el terror continuos? Muy por el contrario. Nos permite una vida plena y fluida, pues al no saber en que momento ha de llegarnos el momento último, evitamos por un lado el dejar asuntos pendientes y minimizamos nuestra personal importancia, y por otro lado, buscamos mantener una comunicación plena y sincera con quienes y con lo que nos rodea, expresando en forma continua un profundo respeto y amor por todo y todos.

Al ser conscientes de que nada es permanente, de que como dijera Lavoisier, nada se pierde sino que todo se transforma, despertamos al hecho de que nada es independiente sino que todo es inter-dependiente con todo y todos. Somos in-dividuos pero también estamos en común-unión y por consiguiente, nuestra más insignificante motivación, acción y/o palabra tiene consecuencias reales en todos los niveles del universo y en todos sus tiempos.

Ergo, hemos de vivir en el aquí y ahora, en el momento presente pues el pasado ha dejado de existir como tal y ahora es parte del presente, y el futuro es algo incierto aunque fecundo y lleno de posibilidades, pero cuya plenitud depende del momento actual; el futuro nace junto con el momento presente y muere con él.

Y así hemos de aprender a ser lo que don Juan llamaba un "hombre de conocimiento", un guerrero espiritual que vive su vida desde y con "impecabilidad".

¿Qué significa lo anteriormente expuesto?, pues nada que menos que comprender que las crisis, el sufrimiento y las dificultades son puntos de inflexión en nuestras aletargadas existencias; son verdaderas oportunidades para transformarnos de y en forma íntegra, dándonos cuenta de la impermanencia de todo y aprendiendo así a aceptar los cambios. Como refiriera Heráclito de Efeso, no nos lavamos las manos dos veces en el mismo río.

Así en la medida en que seamos conscientes del continuo fluir de la existencia en una espiral mutacional dinámica y permanente, aprendemos en consecuencia que el apego y la posesividad de personas, ideas y/o cosas es algo falso y que nos hace daño. Por consiguiente, al aceptar la no permanencia, disminuye nuestro apego y el consiguiente dolor por las eventuales pérdidas, reales o no y ganamos en compasión, alegría, amor, bondad y sabiduría al confiar plenamente en nosotros mismos; implica en definitiva un pararnos sobre nuestros propios pies, siendo responsables de y por nosotros mismos.

Ahora, si todo cambia y muere, pero nada se pierde, sino que todo se transforma, entonces, ¿qué es la vida y qué es la muerte?. ¿Qué hay detrás de la vida y qué tras la muerte, si es que algo hay? A lo que podríamos agregar: ¿de dónde venimos y hacia dónde nos dirigimos?; ¿qué sentido tiene nuestra existencia?, y en definitiva, ¿quién soy?.

Esto daría (y dará) cuenta de otro momento reflexivo, pero ahora preguntémosnos, ¿qué es lo que en verdad ha de contar en el momento de nuestra muerte?.

Pues hay dos elementos básicos y fundamentales, uno es cómo hemos vivido nuestra vida (y como la vivimos), y el otro es cuál ha de ser el estado de nuestra mente en el momento de la muerte.

Como dice Sogyal Rimpoché: "El último pensamiento y emoción que tenemos justo antes de morir ejerce un poderosísimo efecto determinante sobre nuestro futuro inmediato. Este último pensamiento o emoción puede amplificarse desproporcionadamente e inundar toda nuestra conciencia en el momento de la muerte. En este momento nuestra mente se encuentra completamente expuesta y vulnerable a cualquier pensamiento que entonces nos ocupe".

Tengamos en cuenta que nuestra reacción ante una enfermedad terminal o directamente ante la muerte dependerá de nuestra personalidad, de los valores que sustentemos y de nuestro conocimiento espiritual (conocimiento y no simple creencia).

Como afirmábamos, vivir una "vida impecable" como decía don Juan, daría cuenta asimismo del logro de la capacidad de lo que podríamos denominar como "morir con arte" o "ars moris", que consistiría en afrontar el momento último de nuestra existencia sin desear ni pensar en nada, sin mantener apego a ser o cosa alguna.

Y esto se lograría tan sólo a través de la práctica de un camino espiritual, que no necesariamente religioso. La consecución de una visión espiritual implica ni más ni menos que mirar hacia dentro nuestro, disolviendo aquellos aspectos fragmentarios y en perpetuo conflicto en nuestra conciencia, relajando la tensión del ego y volviendo a reposar en la naturaleza de la mente. Se podría decir que consiste en una metodología, una praxis tendiente a lograr una plena conexión con nuestra esencia más íntima.

En conclusión y coincidiendo plenamente con C. Longaker, afirmamos que las cuatro tareas básicas para experimentar con plenitud la vida y la muerte son: 1) darnos cuenta de que el sufrimiento existe y que se puede transformar en una experiencia de plenitud; 2) mantener una comunicación con nosotros mismos y con los demás, donde nos expresemos con todo nuestro ser y fundamentalmente con nuestro corazón, lo más compasivos y libres de apego que podamos; 3) prepararnos espiritualmente para la muerte, lo que implica el ser capaces de vivir en el momento presente, sin dejar situaciones inconclusas que sólo han de constituir un lastre que incrementará nuestro dolor y sufrimiento y el de quienes nos rodean; 4) encontrar significado a nuestra existencia, sintiéndonos seres plenos a pesar de nuestras imperfecciones, aceptando nuestros errores y expiando los que podamos haber cometido.

Cabe concluir que para todas aquellas personas interesadas en esta disciplina, ya sean o no profesionales, existe actualmente un espacio de intercambio de ideas y experiencias, así como la posibilidad de efectuar consultas, técnicasy/o personales en:

http://groups.msn.com/thanatologia/

En este trabajo tan sólo hemos abordado en forma incipiente algunos de los aspectos que se han de constituir en una verdadera ciencia y arte de la vida-muerte, entendiendo ambos como dos aspectos de un mismo continuum. La Tanatología como disciplina naciente, entendemos, debe dar cuenta de ello. Desde que nacemos, somos seres signados por y hacia la muerte, y luego de ella ¡...!

BIBLIOGRAFIA

CASTANEDA, Carlos: "El conocimiento silencioso" - FCE. - 1998
DALAI LAMA y HOPKINS, Jeffrey: "Acerca de la muerte" Edit. Océano - 2003
KAPLEAU, Philip: "El zen de la vida y la muerte" - Ediciones Oniro - 1998
KÜBLER-ROSS, Elisabeth: "La muerte: un amanecer" - Edic. Luciérnaga - 1991
LONGAKER, Christine: "Afrontar la muerte y encontrar esperanza" - Ed. Grijalbo - 1998
SOGYAL Rimpoché: "Destellos de sabiduría" - Ediciones Urano - 1996
SOGYAL Rimpoché: "El libro tibetano de la vida y la muerte" Ediciones Urano - 1994
VARELA, Fco. J. "El sueño, los sueños y la muerte" - José J. De Olañeta, Ed. –1998


Lic. Germán H. PASTORINI

Licenciado en Psicología

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MensajeTema: Re: Tanatología: "De los cuidados paliativos al Ars Moris - Un abordaje psico-espiritual"   Lun Nov 10, 2008 10:23 pm

La muerte... Unas de las mayores mentiras creadas por el hombre...
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MensajeTema: Re: Tanatología: "De los cuidados paliativos al Ars Moris - Un abordaje psico-espiritual"   Sáb Nov 22, 2008 2:42 pm

Muerte y meditación

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Pregunta:
Siento una fuerte conexión entre muerte y meditación, una fascinación y un miedo. Cuando me siento ante ti, me siento seguro al cerrar los ojos y meditar. Cuando estoy solo, me da miedo.

Por favor, coméntalo.

Osho:

No solamente hay una fuerte conexión entre meditación y muerte, sino que casi son la misma cosa, son dos maneras de mirar la misma experiencia. La muerte te separa de tu cuerpo, de tu mente, de todo lo que no eres tú. Pero te separa en contra de tu voluntad. Te resistes, no quieres separarte; no estás dispuesto, no estás en un estado de «dejarte ir».

La meditación también separa todo lo que tú no eres de tu ser y realidad, pero la resistencia no está. Esa es la única diferencia. En lugar de resistencia hay un tremendo querer, un deseo, una apasionada acogida. Lo quieres, lo deseas desde las profundidades más hondas de tu corazón.

La experiencia es la misma -la separación entre lo falso y lo real- pero por tu resistencia a la muerte, te vuelves inconsciente, caes en un estado de coma. En la muerte te aferras demasiado, no dejas que ocurra, cierras todas las puertas, todas las ventanas. La codicia por la vida está en el momento máximo. Sólo la idea de morir te asusta desde lo más profundo de tu ser.

Pero la muerte es un fenómeno natural y también absolutamente necesario. Tiene que suceder. Si las hojas no se vuelven amarillas y no se caen, las hojas nuevas, las jóvenes y frescas, no vendrán. Si uno sigue viviendo en el cuerpo viejo, no se cambiará a una casa mejor, más fresca, con más posibilidades de un nuevo comienzo. Quizás no tomará la misma ruta que tomó en la vida pasada, perdiéndose en el desierto. Puede ser que se cambie a un nuevo cielo de consciencia.

Cada muerte es un final y un principio.

No hagas mucho caso del final. Es un final para un viejo, gastado y miserable estilo de vida, y es una gran oportunidad para empezar una nueva vida, para no cometer los viejos errores. Es el principio de una aventura. Pero, como te aferras a la vida y no quieres dejarla -y tiene que suceder por ley natural- te vuelves inconsciente.

Casi todos, excepto algunos pocos que se han Iluminado, mueren inconscientemente. Por eso, no saben lo que es la muerte, no saben que es un nuevo principio, una nueva alba.

La meditación es tu propia exploración. Estás buscando saber qué es lo que te constituye, lo que en ti es falso y lo que es verdadero. Es un tremendo viaje de lo falso a lo auténtico, de lo mortal a lo inmortal, de la oscuridad a la luz. Pero cuando llegas al punto en que ves la separación de la mente y el cuerpo, y a ti mismo como un espectador, la experiencia de la muerte es lo mismo. No estás muriendo... un hombre que haya meditado se morirá alegremente pues sabe que la muerte no existe; la muerte reside en el apego a la vida.

Dices, «Siento una fuerte conexión entre muerte y meditación...» La hay. En las escrituras antiguas de esta tierra, incluso al Maestro se le define como muerte porque su única función, todo su trabajo, consiste en enseñarte la meditación. En otras palabras, te está enseñando a morir sin morirte, a pasar por la experiencia de la muerte, sorprendido de estar todavía vivo. La muerte fue como una nube que pasó y ni siquiera te ha arañado. De ahí, la fascinación y el miedo. La fascinación es el conocer la experiencia misteriosa a través de la que todo el mundo tiene que pasar, a través de la cual han pasado muchas veces, pero que se ha atravesado inconscientemente. Y el miedo es que quizás la muerte sea sólo el final y no haya otro comienzo.

Sucedió, justamente al principio de este siglo, que el rey de Varanasi tenía que ser operado. La operación era importante, pero el rey era muy tozudo y no quería tomar ninguna clase de anestesia.

Dijo, «Podéis operarme, pero yo quiero mirar, no quiero estar inconsciente».

Los médicos estaban asombrados. Iba en contra de la práxis médica. Una operación de tal importancia iba a ser dolorosa; el hombre se podía morir de dolor. La cirugía necesita que estés inconsciente.

Quizás la ciencia de la cirugía ha aprendido el arte de la anestesia de la experiencia de la muerte, porque la muerte es la mayor cirugía. Te separa del cuerpo, de la muerte y del corazón, y has estado identificado con todo esto durante setenta u ochenta años. Se ha vuelto casi tu auténtico ser. La separación va a ser dolorosa, y el dolor tiene un límite.

¿Te has fijado alguna vez? No hay dolor inaguantable. La expresión «dolor inaguantable» existe sólo teóricamente; todo dolor es soportable. En el momento en que se vuele insoportable, te vuelves inconsciente. El ser consciente es una forma de soportarlo.

Si hubiese sido un hombre ordinario, los médicos no le hubiesen escuchado, pero era un rey, y un rey muy conocido, conocido en todo el país como un hombre grande y sabio. Persuadió a los cirujanos, «No os preocupéis, no me va a pasar nada. Dadme tan solo cinco minutos antes de empezar la operación para que me acomode en un estado meditativo. Una vez que entro en meditación, me encuentro ya lejos del cuerpo; entonces podéis cortar todo el cuerpo a pedazos. Seré únicamente un testigo y un testigo alejado, como si le estuviese sucediendo a otro».

El momento era muy crítico; la operación tenía que hacerse inmediatamente. Si no se hacía al momento, podía causar la muerte. Había sólo dos alternativas: o bien operar y permitir que el paciente estuviera consciente, o no hacerlo, y seguir la vieja rutina de la ciencia. Pero en tal caso, la muerte era segura. En el primer caso había una esperanza de que quizás este hombre pudiera hacerlo; ¡y era tan insistente! No encontrando ninguna forma de persuadirle, le tuvieron que operar.

Esa fue la primera operación realizada sin anestesia, en un estado de meditación. El rey sencillamente cerró los ojos; entró en silencio. Incluso los cirujanos notaron que algo cambiaba alrededor del rey, la vibración, la presencia. La cara se relajó como la de un niño pequeño, recién nacido, y al cabo de cinco minutos empezaron la operación. Duró dos horas, y temblaban de miedo; de hecho, no estaban seguros de que el rey sobreviviera; el «shock» podía ser demasiado. Pero cuando la operación terminó, el rey les preguntó, «¿Puedo abrir ya los ojos?»

Fue discutido en el campo de la medicina en todo el mundo como un caso muy raro. Los cirujanos le preguntaron qué era lo que había hecho.

Dijo: «No he hecho nada. El meditar es mi vida. Momento a momento vivo en silencio. Pedí los cinco minutos porque ibais a realizar una operación tan peligrosa que me tenía que asentar completamente en mi ser, sin vacilaciones. Entonces ya podíais hacer lo que quisierais, porque no me lo estabais haciendo a mí. Soy consciencia, y no podéis operar la consciencia, podéis operar tan sólo el cuerpo».

Dices, «Cuando me siento ante ti, me siento seguro». En realidad no hay diferencia entre sentarte conmigo o sentarte solo, únicamente es una garantía para la mente: la idea de que el Maestro está presente y que el salto no va a hacer daño. Si algo va mal, alguien está ahí para ayudarte.

En meditación, no hay nada que vaya mal, nunca.

Sin la meditación, todo va mal.

Nada va bien sin meditar; la vida entera va mal.

Vives sólo de la esperanza, pero la esperanza nunca se satisface. La vida es una larga tragedia. Y el motivo es tu inconsciencia, la ausencia de meditación.

La meditación tiene la apariencia de la muerte, y la experiencia es exactamente la misma. Pero la actitud y el enfoque son distintos, y la diferencia es tan amplia que puede decirse que la meditación es vida y la muerte es sólo un sueño.

Precisamente ésta es la función de una Escuela de Misterios, donde mucha gente está meditando, donde un Maestro está presente. Te sientes a salvo, no estás solo. Si algo va mal, tendrás ayuda inmediatamente. Pero no hay nada que vaya mal.

Así pues, medita cuando te sientas conmigo, y medita en tu soledad. La meditación es la única cosa con garantía absoluta de que nada va a ir mal. Unicamente te revela tu propia existencia. ¿Cómo puede ser que algo vaya mal? Y no haces nada; estás en realidad deteniendo todo «el hacer». Estás parando el pensar, el sentir, el hacer; una parada en todas tus acciones. Sólo la consciencia permanece, pero esa no es tu acción, eres tú.

Una vez has probado tu ser, todo el miedo desaparece, y la vida se convierte en una dimensión totalmente nueva, no más mundana, no más ordinaria. Por primera vez, ves lo sagrado y lo divino, no solamente en ti, sino en todo lo que existe. Todo se vuelve misterioso y vivir en este misterio es la única manera de vivir en éxtasis; vivir en este misterio es vivir bajo una lluvia de bendiciones. Cada momento trae más y más y más penetrantes y profundas bendiciones para ti, no porque las merezcas, sino porque la vida las da desde su abundancia; está cargada, las comparte con cualquiera que sea receptivo.

Pero no te hagas a la idea de que la meditación es como la muerte, porque la muerte no tiene buenas asociaciones en tu mente. Eso te impedirá experimentar la consciencia. «Es como la muerte». De hecho es una muerte real. La muerte ordinaria no es una muerte real porque te juntarás de nuevo a otra estructura, a otro cuerpo.

El meditador muere a lo grande; nunca más vuelve a ser prisionero de un cuerpo.

Un italiano no acudió a su trabajo un día y el encargado quiso saber el porqué.

«¿Dónde has estado?», le preguntó.

«Fue por culpa de mi mujer. Dio a luz a una carretilla». (*)

«Si no tienes una excusa mejor», dijo el jefe, «tendré que despedirte».

«Creo que no me expliqué bien», dijo el italiano. «Mi esposa está en cama porque ha tenido una silla de ruedas». (*)

«Eso es, tío listo», le dijo el jefe, «¡Estás despedido!»

El italiano se fue a su casa y le preguntó a su mujer, «¡Oye!, ¿Qué fue lo que te pasó el otro día?»

«Ya te lo dije. Tuve un aborto.»

«Ya sabía yo que tenía algo que ver con «ruedas»». (* N. del T. - Juego de palabras en inglés, intraducible, entre : «wheelbarrow»: carretilla; «push chair»: silla de ruedas; y «misscarriage»: aborto (literal. «mal carro»). Todos ellos son elementos en los cuales puedes encontrar ruedas.)

En ti hay muchos malos entendidos que se van acumulando sobre más y más malentendidos. Algunos malentendidos pueden ser tremendamente dañinos. El identificar en tu mente la meditación con la muerte, es uno de los daños mayores que puedes hacerte a ti mismo. A pesar de que no estás equivocado, tus asociaciones con el significado de la muerte son tales que te impedirán el introducirte en la meditación.

Esta es una de las razones por las que quiero asociar a la muerte más y más con un cambio, con un nuevo comienzo, en lugar de con un punto de parada y final.

Quiero cambiar la asociación. Esto aclarará el camino para la meditación. Y si te estás sintiendo, aquí conmigo, silencioso y meditativo y todavía vivo, más vivo que nunca, entonces no hay razón para estar asustado.

Pruébalo en situaciones distintas y será siempre una gran fuente de curación, una gran fuente de contento, una fuente de gran sabiduría, una fuente de grandes percepciones de la vida y sus misterios.
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MensajeTema: Re: Tanatología: "De los cuidados paliativos al Ars Moris - Un abordaje psico-espiritual"   Sáb Nov 22, 2008 2:46 pm

¿Cómo es posible relajarse con la certeza de la muerte?

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Pregunta: ¿Cómo es posible relajarse con la certeza de la muerte ?
Osho:

Primero, es posible relajarse sólo cuando la muerte es una certeza. Relajarse es difícil cuando las cosas son inciertas. Si sabes que morirás hoy, todo el miedo a la muerte desaparecerá. ¿Cuál es la razón de perder el tiempo? Tienes que vivir un día; vive tan intensamente como te sea posible. Vive tan totalmente como te sea posible.

Sucedió realmente que a un hombre le dijo su doctor: «Tienes sólo seis meses más de vida, ni un sólo día más, así que si quieres terminar todo, termínalo. Si has querido hacer algo, hazlo».

El hombre era muy rico y siempre había tenido la idea de recorrer el mundo y visitar todos los lugares hermosos, pero siempre surgían problemas y esto hacía que siempre lo estuviera posponiendo. Ahora no tenía tiempo para postergarlo. Ordenó que le hicieran bonitos vestidos. La gente no sabía que fuese tan extravagante. Comía la mejor comida, compró la mejor casa de la ciudad, cerró todos sus negocios ¿Qué necesidad había de mantenerlos? Durante seis meses tuvo más de lo que deseaba; pudo vivir como un rey.

Fue alrededor del mundo visitando todos los sitios bonitos, toda la gente hermosa del mundo. De hecho, simplemente se olvidó de morir. En el momento en que regresó a su casa, habían pasado seis meses hacía ya mucho tiempo. Fue al doctor a agradecérselo.

El doctor le dijo: «¿Todavía estás vivo? ¿Cómo lo lograste? Porque la enfermedad era tan grave que tenías que morir en seis meses».

El hombre le dijo: «Una vez que tuve la seguridad de que iba a morir, la muerte ya no fue un problema sino una certeza. Tenía seis meses para vivir, así que quería vivir tan multidimensionalmente como fuese posible y por vivir tan totalmente y tan intensamente, quizás me olvidé de morir en el momento adecuado». El doctor lo examinó. Su enfermedad había desaparecido. ¡Esos seis meses habían sido de tal relajación, profundidad y de una alegría tan festiva.

que la enfermedad desapareció!

La certeza de la muerte es una de las cosas más afortunadas. Y la muerte nunca ha sido tan segura; tan segura para toda la Humanidad. De hecho, la gente debe dejar de crear materiales de guerra. En lugar de pelear con sus vecinos, deben comenzar a cantar y bailar con ellos. El tiempo es tan corto que no puedes hacer frente a la lucha. La gente debe olvidar todas sus diferencias de religión y comunismo, socialismo y fascismo. Todas esas diferencias son buenas cuando tienes suficiente tiempo, pero el tiempo es muy corto. No puedes afrontar todas esas diferencias de ser cristiano, hindú o musulmán.

Sólo la falta de tiempo y la certeza de una muerte global puede traer una transformación. Quizás te encuentres en la misma situación que este hombre, que el mundo no se divida más en naciones, que no se divida más en religiones, luchando continuamente, y comencemos por primera vez a disfrutar juntos de este hermoso planeta.

Puede que la muerte no llegue, la muerte no puede llegar a la gente que vive muy intensamente y muy profundamente. Y aún, si llega, estas personas que han vivido totalmente le dan la bienvenida, porque es un gran alivio. Están cansadas de vivir, han vivido tan totalmente, tan intensamente, que la muerte llega como un amigo. Así como la noche llega después de todo un día de intenso trabajo como una gran relajación, como un hermoso sueño, igual lo hace la muerte. La muerte no tiene nada de feo; no puedes encontrar nada más limpio.

Si el miedo a la muerte aparece, quiere decir que hay unas pocas aberturas que no se han llenado con el vivir. Así que todos esos miedos a la muerte son muy indicativos y de mucha ayuda; te muestran que tu danza tiene que ir un poco más rápida, que tienes que quemar la antorcha de tu vida por ambos lados a la vez.

Danza más rápido de modo que el bailarín desaparezca y sólo la danza permanezca.

Entonces no hay posibilidad de que ningún miedo a la muerte te visite. Si estás totalmente en el aquí-ahora, ¿quién se preocupa por el mañana? El mañana se cuidará a sí mismo. Jesús estaba en lo cierto cuando rezaba a Dios: «Señor, dame el pan de cada día». No estaba ni siquiera preguntando por el mañana, simplemente el hoy es suficiente en sí mismo. Y tienes que aprender que cada momento tiene una consumación.

El miedo de tener que dejarlo todo viene sólo porque no estás viviendo completamente el momento; de otra forma no hay tiempo y no hay muerte y no hay espacio.

De hecho, mi continuo énfasis en que existe una posibilidad de que todo este mundo se destruya es para ayudarte a vivir intensamente, ahora mismo, porque puede que no exista ningún mañana.

Estás en una situación muy especial de la historia de la Humanidad. La gente siempre tenía tiempo para posponer; tú no lo tienes. Tu situación es única. Usala; no para preocuparte, porque esto no apartará al mundo de su final. Usa todo el tiempo que te queda para vivir tan profundamente que diez años equivalgan casi a cien.

Una vez se le preguntó a un mercader: «¿Cuántos años tienes?» Y él dijo: «Trescientos sesenta años».

El hombre no lo podía creer. Le dijo: «Por favor, repítelo. Quizás no lo haya oído muy bien».

El mercader gritó y dijo: «Trescientos sesenta años».

El hombre le respondió: «Perdóname, pero no lo puedo creer. ¡No aparentas más de sesenta!».

El mercader dijo: «Tienes razón. En lo que concierne al calendario, tengo sesenta años. Pero en lo que concierne a mi vida, he vivido seis veces más que ningún otro. En sesenta años, he procurado vivir trescientos sesenta años».

Depende de la intensidad.

Existen dos maneras de vivir. Una es como el búfalo; vive horizontalmente, en una sola línea. La otra forma es la de un Buda. Vive verticalmente, en altura y en profundidad. Entonces, cada momento puede volverse una eternidad. Y, a menos que aprendas el arte de transformar cada momento en una eternidad, no has estado conmigo; te lo has perdido.

El mundo puede terminar, puede que no termine, esto no me importa. Pero sigo insistiendo en que finalizará por una sencilla razón: para despertarte. Y no pierdas tu tiempo en trivialidades, pero vive, canta, baila, ama tan totalmente y tan rebosante como seas capaz; y ningún miedo interferirá y no te preocupará lo que vaya a pasar mañana. El hoy es suficiente en sí mismo. Vívelo, es tan amplio; no deja espacio para pensar en nada más. Si no lo vives, surgen las preocupaciones, surgen los miedos.

No soy solamente yo el que está enfatizando el hecho de que el mundo está llegando a su fin. Es sólo una coincidencia que junto con mi insistencia, la situación del mundo es la prueba de lo que estoy

estoy diciendo. Pero Jesucristo, hace dos mil años, dijo lo mismo; Gautama el Buda, hace veinticinco siglos, dijo lo mismo.

Es un viejo ardid para despertarte. A menos que sepas que tu casa se está quemando, no saldrás de ella corriendo. Y Jesús y Gautama el Buda lo usaron como un ardid sin ninguna realidad correspondiente.

También lo estoy usando como un ardid, pero no es sólo un ardid. Por primera vez, el mundo está realmente en posición de cometer un suicidio global.

Tú sencillamente vive, ama y haz de cada momento un profundo éxtasis.

Todos los miedos desaparecerán. Y si toda la Humanidad me escucha, quizás el mundo no se acabe, quizás podamos continuar. El viejo hombre puede morir y un hombre totalmente nuevo, con nuevos valoress, puede surgir para reemplazarlo.
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MensajeTema: Re: Tanatología: "De los cuidados paliativos al Ars Moris - Un abordaje psico-espiritual"   Dom Nov 23, 2008 12:42 pm

Muy elegante la forma de definir la muerte...

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